Carta de mayo 2019

Ser familia Colón

Un motivo actual de preocupación tiene que ver con la manera que dialogamos, compartimos y establecemos lazos interpersonales sólidos en los distintos ambientes. El individualismo excesivo, el ritmo acelerado de vida, las exigencias laborales y la cada vez mayor dificultad para “dar tiempo” a la construcción de esas relaciones, se ha convertido en una amenaza real a la manera como construimos familia, más allá de los debates conceptuales.

Se nos pasan los días, meses y años sin apenas atender a la realidad profunda de aquellos con los que compartimos la existencia. Vivimos sin hablarnos, sin escuchar lo que decimos y, por supuesto, sin atender a lo que no decimos. Las ausencias y silencios se nos vuelven rutina; las eternidades de los hijos en sus habitaciones nos parecen muy normales y los roles nos van sustituyendo, como si viviéramos una especie de “teatro”. Hablamos demasiado de dinero, subrayamos exageradamente los juicios duros sobre los demás; descalificamos como ridículos los gestos de bondad y saboteamos la verdadera alegría por el ruido de la superficialidad. Perdemos demasiado amor de esa manera, demasiadas personas de esa forma.

No necesitamos saber y entender todo para poder amarnos y preocuparnos sinceramente por los demás. Se nos ha metido una obsesión negativa de profundizar en las necesidades de otros, pero no para amarlos, sino para sentirnos superiores. Es una forma de control, manipulación y poder que se confunde con teorías y elucubraciones que muchas veces terminan en conclusiones torpes y torcidas. Es la forma de garantizar cierta uniformidad que, pocas veces significa unidad, porque esta última no teme aceptar y amar las diferencias. ¡Hay que salir de nosotros mismos y descubrir la soledad de perder al ser querido! Es la resistencia frente a la indiferencia cómoda, sabiendo que tenemos a muchos por quienes vivir y muchos que viven por nosotros. ¡Y esto es siempre motivo de agradecimiento y esperanza!

En este tenor la escuela tiene que cumplir un papel, propiciando desde la riqueza de su propia diversidad el diálogo respetuoso, el mutuo aprendizaje y los valores comunes. Es cierto que la escuela no debe ni puede sustituir otras dinámicas relacionales como la familia sanguínea y la comunidad en su sentido más amplio, pero si puede y debe favorecer dinámicas de auténtica convivencia que las fortalezcan, siendo esenciales la confianza y el diálogo. La escuela debe creer que más allá de las dificultades de una familia, sus miembros procuran amarse y luchar lo mejor posible unos por otros. Pero la familia debe creer también lo mismo de la escuela. Romper esa confianza básica termina siempre destruyendo el camino y los puentes por donde deberán transitar los niños y los jóvenes, debilitando procesos y complicando ayudas. Es por eso que más allá de las dificultades específicas y de corto plazo, debe prevalecer la convicción profunda de la buena intención, la responsabilidad y la profesionalidad. Y es solamente desde aquí que puede darse el diálogo respetuoso y amoroso entre las partes. Escapar de ese diálogo responsable pertrechados en normas rígidas y frías o en el oscuro anonimato de rumores y calumnias alimenta un clima que destruye cualquier sentido de identidad, pertenencia y familia.

Esta semana celebramos la fiesta familiar de ¨Ponte mi camiseta” y quisiera invitar a toda la comunidad educativa (incluyendo por supuesto a los queridos egresados) a participar de la misma. Como en cualquier evento familiar, habrá actividades que nos gusten más o menos, pero la clave es el encuentro. Encontrarnos en diversidad, pero bajo ese clima de unidad que puede darnos Colón, es ya motivo de alegría. Yo mismo, el último en incorporarme a esta familia doy gracias a Dios simplemente por el hecho encontrarme con ustedes y compartir el ideario de Calasanz. Colón debe ser una gran familia; una que acoge niños desde Prescolar hasta adultos de Doctorado. Una que como centro colegial está cumpliendo 75 años y como centro universitario 50. Una que se extiende también como familia escolapia en Veracruz con la Escuela Calasanz, el Centro Social Calasanz, el Colegio Calasancio Nuevo Veracruz y la Casa de Retiros San José de Calasanz. ¡Somos una gran familia y por eso vale la pena agradecer, compartir y celebrar!

¡Los esperamos con los brazos abiertos!


P. Rodolfo Robert Esquivel, Sch.P.
Titular General del Colegio Cristóbal Colón