Carta de enero 2019

El comienzo de un nuevo año nos brinda la oportunidad para replantear objetivos personales y familiares, aspirando a nuevos propósitos. Unos son más inmediatos y otros de mayor calado, pero quiero invitarlos al gran objetivo de ser mejores papás y educadores en este 2019.

Con el paso de los años, nos damos cuenta que controlamos mucho menos de la propia vida de lo que originalmente pensamos, pues en realidad somos “dueños” de poquísimas seguridades y estamos siempre expuestos a situaciones dolorosas por diversos motivos: salud, pérdidas, relaciones afectivas, situaciones laborales y materiales, etc. Sin embargo, hay algo que aún puede depender de nosotros y de nuestra libertad: la manera como acompañamos y nos dejamos acompañar por las personas más entrañables y queridas. Y es ahí, en el medio de la “cuesta de enero”, donde quisiera invitarlos a vivir la vida con mayor alegría y esperanza dentro de su propia realidad y más allá de las dificultades inevitables.

En realidad somos frágiles, pero esto no quiere decir que no seamos importantes para Dios e indispensables para muchísimas personas. Nuestras acciones y palabras pueden tener un significado muy profundo y por eso no debemos dilapidarlos sin reflexión. Y así como estar en un colegio rodeado de muchachos supone para un escolapio (el que escribe estas líneas) un regalo inmerecido de sonrisas, bullas, desafíos y proyectos; también quiero invitarlos a mirar con detenimiento y cariño a sus hijos, sintiéndose ese instrumento fundamental de Dios para cada uno de ellos:

• Gócenlos, corríjanlos, pero sobre todo escúchenlos y háblenles en el idioma que necesitan: el del amor y la comprensión.
• Sean siempre los adultos, pero séanlo como el referente maduro, sereno y generoso que ellos necesitan.
• Explíquenles las dificultades del mundo real y las situaciones que los agobian, pero háganlo para que crezcan más nobles y fuertes, nunca para que carguen ellos el peso mayor de esas dificultades.
• Ayúdenlos a salir de sus aislamientos y violencias, haciéndoles ver que ustedes necesitan también de su palabra, ayuda y comprensión.

Y, sobre todo, disfruten de los sueños y proyectos que les cuenten, subiendo felices a esa “alfombra mágica” que son los anhelos y aspiraciones de sus hijos, para que puedan viajar con ellos y enseñarles muchas cosas desde su propia experiencia.

Conviertan la convivencia familiar en un espacio de alegría; de esa alegría que también existe en el silencio sereno y responsable de la misión cumplida. Hacer las cosas por amor y con amor para los muchachos, sigue siendo la mayor alegría para los que estamos cerca de ellos. Es la manera en que Dios nos recuerda que sí somos necesarios y que no existe ningún sacrificio generoso que no pueda redundar en paz y bendición.

Entiendo que estamos todos sometidos a presiones y dificultades; por eso les comparto de corazón la bendición bíblica en el libro de los Números 6, 24-26: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz". Y es que, los propósitos del año pueden ser algo más grande: ¡Invitaciones de Dios a ser más felices y significativos entre los que Él mismo nos da para amar y vivir! ¡Qué este 2019 sea de esperanzas y alegrías para ustedes y sus seres queridos!


P. Rodolfo Robert Esquivel, Sch.P.
Titular General del Colegio Cristóbal Colón