homenoticias

NOTICIAS

Carta de febrero 2020
Ser más felices y responsables

Dedico estas letras a reflexionar acerca de la importancia de cimentar nuestro colegio sobre dos pilares que, a pesar de su aparente distancia, deben ser absolutamente complementarios: la felicidad de vivir y la responsabilidad en el actuar.

En primer lugar, la vida ordinaria en un centro educativo tiene que estar marcada por la alegría y el amor a la vida, ya que no es posible que, desde su infancia y juventud, nuestros muchachos no puedan crecer con la esperanza de ser felices, aceptándose como son y aspirando a que sus sueños más nobles se hagan realidad. Un colegio debe de promover la convivencia y la felicidad que da sentirnos juntos y complementarios, a pesar de ser todos diferentes y con características muy propias. La empatía, que es esa capacidad para ponernos en el lugar del otro, exige apertura, respeto y comprensión. Así, sin dejar de afirmar con realismo que la vida es seria, incierta, complicada y con amarguras inevitables, creemos que es importante educar en el espíritu positivo y en la esperanza de acceder a un mundo mejor, tanto a nivel personal, como a nivel colectivo.

La responsabilidad en los actos es la expresión más hermosa y verdadera de nuestros dones, aspiraciones y nuevas posibilidades. De allí la importancia de respetar los compromisos y las tareas que, en virtud del bien de todos, asume cada uno. Así, cuando le decimos a un hijo o hija que su deber es estudiar, lo hacemos no solo porque es bueno personalmente para ellos, sino porque se corresponde también a un esfuerzo mayor donde participan los propios padres y los maestros. Valorar los sacrificios de los demás es indispensable para ser agradecidos. Y es precisamente el agradecimiento lo que da unidad a la responsabilidad con la felicidad.

Solo cuando la felicidad deja de ser superficial o caprichosa, para ser profunda y generosa, es que puede abrirse y nutrirse a las experiencias de otros, provocando dicha y regocijo aquellos logros o alegrías que embargan a los demás; antes de generar en nosotros la torcida envidia o el rencor. Solo cuando el cumplimiento de los deberes se enmarca en una noción racional que les da sentido moral, productivo y vocacional es que pueden realmente llevarse a cabo sin provocar enojo o malestar.

Por eso, cuando desde la clase se impulsan trabajos en equipo y criterios de pedagogía colaborativa, no debemos olvidar que el resultado final de ellos, aún con la importancia que tiene, nunca sustituirá al proceso de compartir, investigar y deliberar juntos. ¡No es una mera división de funciones, sino el descubrimiento gozoso de lo que puede lograrse desde la comunión de dones!

Todo lo dicho para la escuela, vale también para la vida familiar. ¡Qué todos tengan en casa un lugar donde se les valore, respete y ame! ¡Qué todos, a pesar de las dificultades, sientan que tienen familia y amigos, porque en ellos se nos refleja Dios!

Con aprecio, deseando a cada uno lo mejor y agradecido porque son parte de nuestra familia Colón, me despido con toda consideración.

P. Rodolfo Robert Esquivel, Sch.P.
Titular General del Colegio Cristóbal Colón.

Galería fotográfica