homeniveles académicos

SECCIÓN BACHILLERATO

Reflexiones desde la pandemia, sobre la no pandemia.
Sabemos que cada despertar es una lucha nueva y Adaliz, alumna de nuestro bachillerato...

...nos narra desde su día a día, la experiencia que este viaje desde casa le ha dejado. Sin más, te compartimos sus letras, su corazón y su sentir.

𝐑𝐞𝐟𝐥𝐞𝐱𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐧𝐝𝐞𝐦𝐢𝐚, 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐚 𝐧𝐨 𝐩𝐚𝐧𝐝𝐞𝐦𝐢𝐚.

-¿𝑷𝒂𝒓𝒂 𝒐𝒍𝒗𝒊𝒅𝒂𝒓 𝒒𝒖𝒆́? -𝒊𝒏𝒒𝒖𝒊𝒓𝒊𝒐́ 𝒆𝒍 𝒑𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒊𝒕𝒐 𝒚𝒂 𝒄𝒐𝒎𝒑𝒂𝒅𝒆𝒄𝒊𝒅𝒐.

-𝑷𝒂𝒓𝒂 𝒐𝒍𝒗𝒊𝒅𝒂𝒓 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒊𝒆𝒏𝒕𝒐 𝒗𝒆𝒓𝒈𝒖̈𝒆𝒏𝒛𝒂 -𝒄𝒐𝒏𝒇𝒆𝒔𝒐́ 𝒆𝒍 𝒃𝒆𝒃𝒆𝒅𝒐𝒓 𝒃𝒂𝒋𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒍𝒂 𝒄𝒂𝒃𝒆𝒛𝒂.

-¿𝑽𝒆𝒓𝒈𝒖̈𝒆𝒏𝒛𝒂 𝒅𝒆 𝒒𝒖𝒆́? -𝒔𝒆 𝒊𝒏𝒇𝒐𝒓𝒎𝒐́ 𝒆𝒍 𝒑𝒓𝒊𝒏𝒄𝒊𝒑𝒊𝒕𝒐 𝒅𝒆𝒔𝒆𝒐𝒔𝒐 𝒅𝒆 𝒂𝒚𝒖𝒅𝒂𝒓𝒍𝒆.

-¡𝑽𝒆𝒓𝒈𝒖̈𝒆𝒏𝒛𝒂 𝒅𝒆 𝒃𝒆𝒃𝒆𝒓! -𝒄𝒐𝒏𝒄𝒍𝒖𝒚𝒐́ 𝒆𝒍 𝒃𝒆𝒃𝒆𝒅𝒐𝒓, 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒆𝒏𝒄𝒆𝒓𝒓𝒐́ 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒂 𝒚 𝒅𝒆𝒇𝒊𝒏𝒊𝒕𝒊𝒗𝒂𝒎𝒆𝒏𝒕𝒆 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒔𝒊𝒍𝒆𝒏𝒄𝒊𝒐.(de Saint-Exupéry, 2001a, pp. 40-41)

Empiezo a escribirte con esta cita en la cabeza, porque al releer el que probablemente sea el segundo libro más importante de mi vida, fue inevitable pensarla. Al principio no entendía muy bien a qué se refería, después caí en cuenta que 𝐦𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐞 𝐚 𝐦𝐢́.

La cuarentena me ha ido empujando a mis límites hasta tal punto de perder la voluntad, pero hoy tengo el valor de escribirte, habiendo superado mis propios obstáculos, pensando en mí y con la ayuda de personas y libros maravillosos que he podido analizar.

En las últimas puestas del sol que he tenido la oportunidad de apreciar, me he sentido constantemente perdida; encontrando las respuestas a las mayores interrogantes, en ese laberinto tan extraño que forma a la maquinaria de 𝐦𝐢𝐬 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬, 𝐞𝐬𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐚 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐬𝐨𝐧 𝐦𝐢𝐬 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐚𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐦𝐮𝐜𝐡𝐚𝐬 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐦𝐢𝐬 𝐞𝐧𝐞𝐦𝐢𝐠𝐨𝐬.

Te voy a contar un poco de mi día a día: al despertar, justo después de abrir los ojos, siento como la maquinaria de mis pensamientos empieza a trabajar arduamente. Me levanto, desayuno y hago cosas de persona normal (aunque creo que cualquier persona puede ser de todo, menos normal). Sin embargo, mientras todo en el disfraz de mi cuerpo parece ir de maravilla, en aquel mecanismo tan complejo y traicionero, sólo hay un objetivo: 𝐋𝐀 𝐏𝐄𝐑𝐅𝐄𝐂𝐂𝐈𝐎́𝐍.

Verás, aquella maquinaria es la que le da órdenes a mi cuerpo para que yo pueda hacerlo todo, aunque es tanta la exigencia, que muchas veces confundo a mi propio cuerpo con un disfraz. A mis pensamientos no les gusta ver el cuerpo que les ha sido regalado, a ese mecanismo todo le parece torpe y sin valor. Por supuesto que a mi cuerpo todo eso le afecta… y se pone triste. ¡𝐘 𝐧𝐨 𝐭𝐞 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐢𝐧𝐚𝐬 𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐬𝐚𝐝𝐢𝐥𝐥𝐚 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐬 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐮𝐧 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨 𝐭𝐫𝐢𝐬𝐭𝐞! Los malestares se multiplican al millón, el disfraz se queda sin energía y ya no puede hacer todo lo que la maquinaría le ordena. A veces, mi cuerpecito está tan triste que se enferma... pero no te preocupes, ya estoy acostumbrada a ese malestar.

Seguramente te estarás preguntando, ¿y todo esto qué tiene que ver con un bebedor que bebe? Y como todo buen principito, muy probablemente no hayas olvidado esta pregunta.

Pues yo, al igual que aquel bebedor con el que se encontró el personaje, también siento muchísima vergüenza. 𝐌𝐞 𝐚𝐯𝐞𝐫𝐠𝐮̈𝐞𝐧𝐳𝐚 𝐭𝐞𝐧𝐞𝐫 𝐮𝐧 𝐝𝐢𝐬𝐟𝐫𝐚𝐳 𝐩𝐨𝐫 𝐜𝐮𝐞𝐫𝐩𝐨, un disfraz que a veces no se siente como si fuera mío y al que quiero dejar de pertenecer; me avergüenza aquella maquinaria egoísta y su laberinto. Aunque, gracias a ella, ahora me encuentro escribiendo esto. Pero siento pena al decirte que a veces me quiero deshacer de ella, a toda costa. A veces, pienso en olvidarla, olvidándome que aquella maquinaria es autora y dueña de los pensamientos más horribles pero también de los más bellos.

Aunque no todo es angustia y melancolía en mi ser. 𝐀 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬, 𝐦𝐞 𝐠𝐮𝐬𝐭𝐚 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐫 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐨𝐲 𝐦𝐚́𝐬 𝐛𝐢𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐮𝐧 𝐝𝐞𝐬𝐢𝐞𝐫𝐭𝐨, 𝐝𝐞𝐥 𝐜𝐮𝐚𝐥 𝐚𝐩𝐞𝐧𝐚𝐬 𝐡𝐞 𝐞𝐱𝐩𝐥𝐨𝐫𝐚𝐝𝐨 𝐮𝐧𝐨𝐬 𝐜𝐮𝐚𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐤𝐢𝐥𝐨́𝐦𝐞𝐭𝐫𝐨𝐬, 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐦𝐞 𝐟𝐚𝐥𝐭𝐚𝐧 𝐦𝐢𝐥𝐞𝐬 𝐲 𝐦𝐢𝐥𝐞𝐬 𝐦𝐚́𝐬. Un desierto en el que las noches pueden ser muy frías y desesperanzadoras, pero donde cada puesta de sol es el espectáculo más maravilloso.

Te contaré el secreto más importante del universo: “Lo que embellece al desierto (…) es el pozo que esconde en alguna parte”: (de Saint-Exupéry, 2001a, p. 70)

Cada día, exploro en las profundidades de mi desierto, en búsqueda del pozo que esconde, quizás algún día de estos lo encuentre y ya nunca más tendré sed. ¿Has intentado imaginar cómo es un desierto?, ¿cómo es el pozo que esconderías?, ¿de qué color sería tu arena?

Muchas veces esas preguntas invaden a la maquinaria de mis pensamientos. 𝐒𝐨́𝐥𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐨𝐲 𝐬𝐞𝐠𝐮𝐫𝐚 𝐝𝐞 𝐮𝐧𝐚 𝐜𝐨𝐬𝐚, 𝐥𝐚 𝐚𝐫𝐞𝐧𝐚 𝐝𝐞 𝐦𝐢 𝐝𝐞𝐬𝐢𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐬𝐞𝐫𝐚́ 𝐢𝐝𝐞́𝐧𝐭𝐢𝐜𝐚 𝐚 𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐚𝐜𝐢́.

Probablemente nunca encuentre mi propio pozo, pero eso es lo bello de los misterios. No sabremos cuándo los encontraremos. Lo que me hace más feliz, sin duda, es ayudarle a otras personas en la búsqueda de su propio pozo. No hay regalo más maravilloso, eso te lo aseguro.

Camino con el corazón en la mano recordando la lección más importante de aquel Principito con rizos dorados: “Los ojos son ciegos. Es necesario buscar con el corazón”

Así que Adaliz, pequeña princesita confundida y triste: recuerda que 𝐥𝐨 𝐦𝐚́𝐬 𝐢𝐦𝐩𝐨𝐫𝐭𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐛𝐮𝐬𝐜𝐚𝐫 𝐫𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞𝐬𝐭𝐚𝐬 𝐞𝐬 𝐭𝐮 𝐜𝐨𝐫𝐚𝐳𝐨́𝐧, 𝐧𝐨 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐥𝐚𝐛𝐞𝐫𝐢𝐧𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐭𝐮𝐬 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬.

𝐈𝐠: @adacrz
𝐓𝐰𝐢𝐭𝐭𝐞𝐫: @adaaabb

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